martes, 2 de julio de 2013
Natalia
Natalia toma conciencia de lo fuera de lugar que se encuentra en ésta fiesta. Claro que conoce (de vista) a la gente que está allí, pero ella es diferente. Nunca se sintió cómoda entre multitudes, y mucho menos con bailar. No consideraba algo particularmente malo el alcohol, pero ver objetivamente ésta fiesta se tornaba en algo extraño, casi bizarro. Todas las demás chicas buscaban atención y reafirmar su autoestima, mientras que todos los chicos buscaban impresionar a los demás. La suma del comportamiento de ambos sexos actuando sin filtro en una especie de lek humano logró ponerla de un humor susceptible, reservada. Sus amigas creían que era extraña, pero a ella no me importó. No disfrutaba de éste despliegue superficial de cualidades falsas tan bien orquestado, con música fuerte para fomentar malentendidos y poca iluminación que sumada al maquillaje hacía a todas las chicas más atractivas. Mientras su mal humor afloraba, Natalia miró a través de la habitación y su mirada se cruzó con un chico que casualmente estaba pensando lo mismo que ella. Después, una sonrisa mutua que cambió todo. Sus amigas vieron cómo Natalia cruzaba decididamente la habitación y desaparecía entre la gente que bailaba.
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